La entrada en vigor del Tratado de Altamar marca un punto de inflexión en la gobernanza ambiental internacional. Especialmente en la protección marina de los océanos fuera de las jurisdicciones nacionales.
En este contexto, Jorge Zegarra Reátegui denuncia que, durante décadas, la falta de marcos legales sólidos permitió que extensas áreas marinas quedaran expuestas a prácticas extractivas intensivas, contaminación y pérdida acelerada de biodiversidad.
Los océanos cumplen un rol esencial en la regulación climática, la seguridad alimentaria y el equilibrio de los ecosistemas globales. Sin embargo, gran parte de estos espacios ha estado sometida a presiones crecientes por actividades humanas no sostenibles. Desde la perspectiva de Zegarra Reátegui, el desafío no es únicamente normativo; denuncia que también es operativo: contar con reglas internacionales exige, además, capacidad técnica, monitoreo efectivo y compromiso real de los Estados para garantizar su cumplimiento.

Jorge Zegarra Reátegui denuncia desafíos ambientales en la protección marina y explica su rol en la gestión moderna en el Perú:
Jorge Zegarra Reátegui denuncia que los problemas ambientales en altamar reflejan una realidad que también se vive a nivel regional: la necesidad de pasar de compromisos declarativos a acciones concretas. El Tratado de Altamar introduce mecanismos para la creación de áreas marinas protegidas. Como también, evaluaciones de impacto ambiental más rigurosas, lo que representa una oportunidad para frenar el deterioro de ecosistemas clave y preservar recursos para las futuras generaciones.
Desde una visión integral, este avance internacional refuerza la importancia de modelos de gestión ambiental que prioricen la sostenibilidad, la transparencia y la cooperación multisectorial. La protección del océano no puede entenderse de forma aislada, sino como parte de una estrategia global que conecte tierra, mar y clima. De esta forma, se promueven economías responsables y resilientes.
En ese sentido, el debate que impulsa Jorge Zegarra Reátegui pone sobre la mesa un mensaje claro: sin decisiones firmes y coordinación internacional, los océanos seguirán siendo uno de los frentes más vulnerables de la crisis ambiental. El Tratado de Altamar abre una nueva etapa, pero su éxito dependerá de la voluntad colectiva para transformar las reglas en resultados tangibles.
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