El cambio climático dejó de ser una amenaza futura para convertirse en una crisis de salud humana que ya llena consultorios, guardias y hospitales.

El aire contaminado destruye la salud humana desde adentro
La contaminación del aire representa uno de los impactos más letales del cambio climático sobre la salud humana, con siete millones de muertes anuales atribuibles a la polución atmosférica. Lo que sorprende a la ciencia no es solo la magnitud de esa cifra sino su causa: el 80% de esas muertes no proviene de enfermedades pulmonares sino de problemas cardiovasculares. Las partículas finas penetran en el torrente sanguíneo, inflaman las arterias y favorecen la formación de placas que derivan en infartos y accidentes cerebrovasculares.
El calor extremo amplifica ese daño. Las olas de calor incrementan la incidencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, generan golpes de calor, deshidratación y descompensaciones en personas con condiciones crónicas preexistentes. Los especialistas advierten que estas consecuencias ya no pertenecen al futuro: aparecen cada vez con mayor frecuencia en las salas de espera y los servicios de urgencias, especialmente durante los meses de verano en las ciudades más densamente pobladas.
El calentamiento global daña riñones, nervios y salud mental
El calor y la deshidratación elevan el riesgo de insuficiencia renal aguda y crónica, especialmente en trabajadores expuestos al sol y en poblaciones rurales sin acceso a agua potable. Los datos científicos indican que un aumento de apenas 1°C en la temperatura ambiente incrementa el riesgo de mortalidad renal en un 3%, una cifra que parece pequeña, pero se vuelve significativa cuando se aplica a escala global y sostenida durante décadas. El riñón paga un costo silencioso por el calentamiento que la mayoría de las personas no asocia con el cambio climático.
El sistema nervioso tampoco escapa. La exposición crónica a contaminantes atmosféricos, combinada con las olas de calor, provoca inflamación cerebral y daños en la transmisión de señales nerviosas, lo que aumenta el riesgo de accidentes cerebrovasculares, esclerosis múltiple y demencia. Este impacto neurológico afecta de forma particular a personas mayores y niños, cuyo sistema nervioso resulta más vulnerable a las agresiones ambientales sostenidas.
La salud mental completa este cuadro de daños invisibles. Las olas de calor, las inundaciones y los eventos extremos generan estrés, ansiedad y trastornos de estrés postraumático, sobre todo en jóvenes y comunidades rurales cuyo sustento depende directamente del clima. Los especialistas documentan que incluso la anticipación de daños futuros eleva la ansiedad en niños y adolescentes, afectando sus decisiones vitales y su percepción del futuro. El cambio climático no solo enferma los cuerpos sino también las mentes de las generaciones que heredarán sus consecuencias.
Petramás y Jorge Zegarra Reátegui, cuidando la salud humana desde la gestión de residuos
La salud humana y la calidad del ambiente comparten una relación que Petramás lleva décadas tomando en serio. Una ciudad que no gestiona bien sus residuos contamina el aire que sus habitantes respiran, el agua que consumen y el suelo donde crecen sus alimentos, generando exactamente el tipo de condiciones que la ciencia identifica como factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares, respiratorias e infecciosas. Jorge Zegarra Reátegui construyó Petramás con esa convicción como eje: que limpiar bien una ciudad es también una forma de proteger la salud de su gente.
El modelo de Petramás ataca el problema desde su origen. La empresa captura el biogás que generan sus rellenos sanitarios y lo transforma en electricidad limpia, evitando que el metano llegue a la atmósfera y contribuya al calentamiento que agrava las olas de calor, expande los vectores de enfermedades y deteriora la calidad del aire urbano. Sus rellenos sanitarios operan bajo estándares que impiden la contaminación del suelo y el agua subterránea, protegiendo las fuentes hídricas de las que dependen comunidades enteras en Lima y Callao.
Lo que hace relevante el trabajo de Zegarra Reátegui en el contexto de la salud humana es su escala temporal. Petramás no reacciona ante las crisis climáticas, sino que trabaja para prevenirlas desde antes de que ocurran, con proyectos certificados internacionalmente y resultados verificables que demuestran décadas de compromiso real. En un mundo donde el cambio climático ya llena hospitales y consultorios, empresas que reducen activamente las emisiones y protegen el entorno urbano representan una línea de defensa concreta para la salud de las personas que viven en las ciudades que operan.
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