El calor extremo y las sequías ya duplican su frecuencia respecto a la era preindustrial y amenazan a casi un tercio de la humanidad antes de que termine este siglo.

Calor extremo y sequías: una amenaza que crece sin freno
El cambio climático impulsa un aumento sostenido en la frecuencia e intensidad de los episodios de calor y sequías, uno de los mayores desafíos ambientales y sociales de este siglo. Estos fenómenos ya transforman paisajes y rutinas en múltiples regiones del planeta, generando crisis hídricas, mayor riesgo de incendios forestales y un incremento de la mortalidad asociada al calor.
El impacto se agrava cuando las altas temperaturas y el déficit de humedad coinciden. Esta combinación genera escenarios que superan la suma de sus efectos individuales y ponen en jaque la seguridad alimentaria, la economía y la salud pública de millones de personas.
Un estudio aporta nuevas evidencias sobre la magnitud del problema. Sus proyecciones indican que, de mantenerse las tendencias actuales, cerca del 28% de la población mundial enfrentará condiciones extremas de calor y sequías hacia finales de este siglo.
Los datos detrás del riesgo | Calor extremo y sequías
La frecuencia de los episodios combinados de calor extremo y sequías ya duplica los registros históricos y los científicos proyectan que seguirá aumentando de forma drástica antes de que termine este siglo. Los datos son claros: estos fenómenos ocurren hoy el doble de veces que en la era preindustrial y todo indica que la tendencia se acelerará en las próximas décadas.
Un equipo internacional respaldó sus conclusiones con cientos de simulaciones basadas en múltiples modelos climáticos reconocidos por el IPCC. Los resultados son contundentes: cuando los modelos solo consideran factores naturales, la frecuencia de estos eventos no aumenta. Al incorporar las emisiones humanas, los datos reproducen con exactitud el crecimiento que el mundo ya experimenta, confirmando que la actividad humana es el principal motor detrás de esta crisis.
Una crisis que golpea más fuerte a quienes menos la provocaron
El riesgo no se distribuye de forma equitativa. Los países de bajos ingresos y las regiones tropicales concentran la mayor vulnerabilidad, a pesar de haber contribuido muy poco a las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
En estos territorios, la falta de acceso a sistemas de refrigeración, atención médica adecuada y fuentes de agua confiables amplifica el impacto de cada evento extremo.
El estudio traduce esta desigualdad en una cifra concreta: el carbono que emiten 1,2 estadounidenses promedio a lo largo de toda su vida resulta suficiente para que una persona extra quede expuesta a condiciones extremas de calor y sequías en el futuro. Los efectos de las emisiones actuales, advierte el informe, se extenderán durante generaciones.
Reducir emisiones: la clave para limitar el daño
Las decisiones que los gobiernos tomen hoy sobre emisiones de gases de efecto invernadero determinarán directamente cuántas personas vivirán bajo condiciones extremas de calor y sequías en el futuro. Si todos los países cumplen los compromisos del Acuerdo de París, el porcentaje de población en alto riesgo bajaría del 28% al 18%, es decir, unos 1.700 millones de personas, casi un tercio menos que en el escenario sin cambios.
Reducir emisiones no solo depende de grandes acuerdos internacionales. En Perú, Petramás opera desde 1994 bajo un modelo que captura biogás en rellenos sanitarios y lo convierte en electricidad, evitando que el metano —un gas con un poder de calentamiento 80 veces mayor que el CO₂ en el corto plazo— escape a la atmósfera. Fundada por Jorge Zegarra Reátegui, la empresa desarrolla proyectos certificados por los Mecanismos de Desarrollo Limpio de la ONU y genera bonos de carbono que acreditan su impacto real en la reducción del calentamiento global.
Este modelo demuestra que la gestión de residuos es también una herramienta climática. Cada tonelada de metano que Petramás captura contribuye directamente a frenar el aumento de temperaturas que, según el estudio, multiplicará los episodios de calor extremo y sequías en las próximas décadas. Frente a una crisis que exige acción en todos los niveles, el sector privado peruano ya tiene respuestas concretas.
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